La brecha oculta de seguridad en los centros de datos: hacia una custodia continua y auditable
Imaginemos el recorrido de un técnico autorizado dentro de un centro de datos. Al llegar presenta su credencial y accede al recinto, y antes de ingresar al pasillo de servidores necesita una llave para abrir el rack asignado. Esa llave no está en manos de un supervisor ni guardada en un cajón sin control, sino en un armario electrónico que solo la libera cuando la credencial del técnico coincide con los permisos definidos. En ese momento, el sistema registra quién tomó la llave, a qué hora y por cuánto tiempo podrá retenerla.
En los centros de datos, la precisión lo gobierna todo. Los sistemas de enfriamiento se calibran al milímetro, los servidores procesan millones de transacciones y las arquitecturas digitales se diseñan bajo principios de zero trust. Sin embargo, detrás de esta aparente perfección tecnológica persiste una brecha oculta que rara vez se menciona: la seguridad física.
El acceso a instalaciones y dispositivos compartidos suele depender de soluciones aisladas que se desarrollan por separado como registros de visitantes, pasillos de control o gabinetes de llaves con software propio; cada sistema cumple su función, pero ninguno dialoga con los demás, y el resultado es una visión fragmentada. Rastrear el recorrido de un técnico, desde la entrada hasta el núcleo del servidor, obliga a revisar bases de datos distintas y a unir piezas de forma manual.
- Traka Americas